Flora y fauna de Malpica de Tajo

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Abeto (Abies cilicica)

Etimología de la Abies cilicica

El nombre del género Abies procede del vocablo latino "abies, abietis" que es el nombre que se asignó a este tipo de árboles. El epíteto cilicica también proviene del latín y tal vez se refiere a la forma de cilio de sus hojas.

Abetos

Descripción de la Abies cilicica

El abeto es un árbol casi piramidal fuerte, que alcanza alturas de 25 a 30 metros y un diámetro de 75 a 210 centímetros. La corteza es inicialmente suave y en las ramas jóvenes es de color amarillo-rojizo a gris-verde oliva. Las hojas son estrechas como agujas de color verde brillante, El periodo de floración es en mayo, las semillas maduran en septiembre-octubre. Los conos cilíndricos de color rojizo-marrón, tienen una longitud de 15 a 30 cm y un diámetro de 4 a 6 cm. Las semillas aladas son de color rojizo-marrón, y de aproximadamente 5 cm de largo.

Rama de abeto

Distribución y hábitat

En el cementerio y en la cuneta del carreterín del canal.

Usos de la Abies cilicica

Decorativo, para madera y como combustible.

Es muy popular por dos tradiciones muy distintas: el árbol típico de los cementerios, aunque es más común el ciprés, y el árbol de Navidad.

Orígenes de la tradicción del árbol de Navidad

Numerosos estudios han situado las raíces del árbol de Navidad en la época de los romanos, pero lo cierto, aunque parezca mentira, es que hay que remontarse a épocas muy anteriores. Así, eran los antiguos egipcios quienes celebraban los fines de año con una ceremonia en la que era común llevar una penca de palma de doce hojas, una por cada mes del año. Con todas ellas se realizaba una pirámide y se quemaba en honor a los dioses.

No obstante, el árbol de Navidad, tal y como hoy lo conocemos, tiene su nacimiento en Alemania.

Todo sucedió un día de Navidad de la primera mitad del siglo VIII. San Bonifacio, un misionero británico, se encontraba predicando un sermón para convencer a los druidas alemanes de que el roble no era sagrado. En ese momento, un roble cayó destrozando todos los arbustos y árboles más pequeños que encontró a su paso. Del desastre consiguió salvarse un pequeño abeto: San Bonifacio lo consideró un milagro y le llamó 'el árbol del Niño Dios'. Así, en las sucesivas Navidades los cristianos celebraban la Festividad plantando abetos y, posteriormente, esta costumbre evolucionó hasta dar lugar a la actual decoración.

En España, ha tardado en arraigar y no ha sido hasta mediados del siglo XX cuando se ha popularizado.

Otros nombres comunes o vulgares de la Abies cilicica

No documentados.