Flora y fauna de Malpica de Tajo
El nombre genérico "Ophrys" deriva de la palabra griega {ophrys} que significa "ceja" refiriéndose a la alta consideración que se tiene hacia este género. El epíteto "lutea" procede del latín {luteus} que significa amarillento, por el color del labelo.
Autores hay que consideran la Ophrys lutea Cav.y la Ophrys sicula Tineo especies separadas y otros autores las consideran como híbridos y para más complicación se documentan varias subespecies e híbridos de unas y otras.


La Ophrys lutea tiene un raíz formada por pseudotubérculos, subglobosos, sésiles o subsésiles que, como cualquier tubérculo, constituyen su reserva de alimento. Los tallos son erectos y ligeramente flexuosos. Las hojas basales, a ras de tierra, son de forma ovadas a ovado- lanceoladas y sobreviven a las heladas del invierno y el par (o solo una hoja, frecuentemente) de hojas caulinares son suberectas y abrazadoras. La inflorescencia puede llegar a tener una docena de flores y es laxa con las brácteas inferiores subiguales o más largas que el ovario, lanceoladas, agudas y de un color que va desde un verde claro a un verde amarillento. Los sépalos son cóncavos, glabros, con el margen revoluto y de un color verde amarillento; los sépalos laterales son ovados; el sépalo central es oblongo y suele estar curvado sobre el ginostemo. Los pétalos laterales tienen forma subrectangular, el margen ondulado, entero y son glabros y amarillos. El labelo es anchamente ovado, trilobado, moderadamente convexo en su zona basal y media, plano en el margen, de color pardo violáceo o rojizo negruzco en el centro, con una ancha franja marginal, glabra, de color amarillo intenso, de 4-6 mm de anchura, velutina o villosa en la parte central. El campo basal es netamente asurcado, sin crestas ni falsos ocelos y amarillo; los lóbulos laterales son ovados, obtusos y, por lo general planos; el lóbulo medio es anchamente obcordado, con las zonas marginales reflejas, bilobado o emarginado y con escotadura, existe seno entre los lóbulos laterales y el lóbulo medio, la mácula central es pelosa y tiene algunas papilas; es poco o nada brillante, con dos lóbulos y de color gris o gris azulado. El ginostemo (que de desarrola en un plano vertical al labelo) es obtuso, verde o de un verde amarillento en el dorso, amarillo en los lados y no apiculado. El ovario es cilíndrico y poco retorcido; la superficie de la cavidad estigmática es amarilla o de un verde amarillento. El fruto es una cápsula con numerosas semillas, hasta 10 000 aseguran quienes las han contado, diminutas y esféricas.

El labelo de las flores imita la apariencia, tacto y fragancia de las hembras de algunas especies de himenópteros en celo, cuando éstas aun no han iniciado el período reproductivo. Los machos se sienten atraídos por el instinto de procreación e intentan copular, de forma frenética (pseudocopulación), haciendo que los polinios queden adheridos a su cabeza o abdomen. Durante el viaje a otra flor, la masa de granos de polen cambia de posición para golpear el estigma de la siguiente flor. Uno de los polinizadores conocidos es la abeja “Eucera Longicornis”, que impregna su cuerpo con el polen de esta orquídea.

Suele crecer en monte bajo, sólo he descubierto (por ahora) un rodalito en la franja de monte entre la pista de bajada del canal de Castrejón y el camino de la fuente El Belén (39°54'38.1"N - 4°34'50.7"W; 39.910573, -4.580757). Florece a finales del invierno (febrero) o al principio de la primavera y es muy poco frecuente. Durante el verano, esta orquídea permanece en estado durmiente, como un bulbo subterráneo que sirve de reserva alimenticia; al final del otoño desarrolla una roseta de hojas y durante la primavera el tallo y las inflorescencias que, con sus colores amarillos y verdes, la convierten en una de las orquídeas silvestres más bellas de nuestra flora.
Ornamental .





































Abejas, abejera, abejita, abejita amarilla, abejorros, flor de abeja amarilla, hierba de la avispa mayos, ofris amarilla, orquídea amarilla.
Las flores del género Ophrys no producen néctar, no ofrecen ninguna recompensa alimenticia real,¿cómo consiguen dispersar el polen que producen?
La pseudocópula o engaño sexual es un mecanismo de polinización que constituye una obra maestra de la evolución biológica de este género de plantas.
Podemos dividir este proceso en varias fases consecutivas diferenciadas.
Es la fase química del engaño, para atraer a los insectos usan el olor (para la mayoría de los insectos el olfato es un sentido de la orientación fundamental), las orquídeas sintetizan una mezcla muy compleja y elaborada de compuestos volátiles cuyo olor es idéntico a las feromonas sexuales que emiten las hembras de una especie de abeja o avispa muy concreta que atrae al macho que capta este olor a kilómetros de distancia y acude desesperado pensando que ha encontrado a una hembra lista para aparearse.
Una vez atraído el macho por el olor entra en juego el diseño del labelo de la flor que asemeja el abdomen de la hembra, con sus vellosidades y textura, que hace que el macho se pose sobre la falsa hembra para intentar la cópula.
El macho comienza a realizar, frenéticamente, los movimientos del apareamiento frotándose contra el falso abdomen y chocando contra los polinios de la flor cuyo polen se queda pegado en la cabeza (polinización cefálica(1)) o en la punta del abdomen (polinización abdominal(2)), dependiendo del diseño de la especie de la flor, mediante una sustansia pegajosa especial de secado rápido.
Una vez que el macho ha finalizado su estéril afán, busca otra flor, portando el polen, y cayendo en una nueva trampa y, al frotarse, encajará los polinios que trae en su cuerpo exactamente en la cavidad receptiva (el estigma) de la nueva flor, logrando la polinización cruzada exclusivamente entre flores de la misma especie (mensajería privada con entrega a domicilio).
La estrategia de engaño sexual de las orquídeas, especialmente del género Ophrys, (resumida en los párrafos anteriores) es lo que los biólogos evolutivos consideran una apuesta de alto riesgo y alta recompensa. Han llevado la especialización al límite absoluto. Utilizar a una sola especie de insecto para que haga el trabajo de la dispersión del polen, sin darle nada a cambio, tiene ventajas evidentes para la planta.
El insecto actúa como un intermediario exclusivo y muy eficaz, ya que después de cargarse de polén seguramente vistará a otra planta de la misma especie y su carga de polinios llega directamente a su destino, el insecto engañado por una Ophrys actúa como un servicio de mensajería VIP, al contrario que una abeja generalista que visita primero a una margarita, luego puede ir a un romero o a un cardo, desperdiciando el polen por el camino.
Al usar feromonas sintéticas (que requieren mucha menos energía para producirse pues producir néctar es energéticamente carísimo para una planta; es agua cargada de azúcares y nutrientes) y no ofrecer recompensa alimenticia, la orquídea ahorra una cantidad enorme de recursos que puede destinar a crecer o a producir semillas.
Este mecanismo de polinización asegura la pureza genética, pues al atraer a una sola especie de polinizador, la orquídea se asegura de no cruzarse con otras especies emparentadas que crezcan en el mismo prado. Esto mantiene la pureza de la especie y evita la creación de híbridos estériles.
Pero esta superespecialización en la dispersión del polen no está exenta de riegos evolutivos. El riesgo de "poner todos los huevos en la misma cesta" es que si la única especie de avispa o abeja que poliniza a una orquídea desapareciera (por el uso de pesticidas, pérdida de hábitat o enfermedades, riesgos muy probables en la época actual) la orquídea se encontraría abocada desaparecer con ella, pues no dispone de otros tipos de insectos que puedan sustituirlas, la extinción de esa especie de abeja provocaría lo coextinción de las orquídeas que dependen de ella. En otro de los riesgos evolutivos está implicado el cambio climático (desincronización) ya que para que el engaño funcione, la orquídea debe florecer exactamente en los días en que los machos del insecto despiertan de la hibernación, y crucialmente, antes de que nazcan las hembras reales (si hay hembras reales volando, el macho preferirá a la original y no a la flor). El cambio climático está alterando las temperaturas y desincronizando estos delicadísimos ciclos biológicos. Otro riesgo que las orquídeas corren es su baja tasa de éxito reproductivo, pues, a diferencia de las flores llenas de néctar que son visitadas cientos de veces al día, una orquídea engañosa puede pasar semanas esperando sin que ningún macho caiga en la trampa. Las tasas de polinización son estadísticamente muy bajas.
Para compensar estos riesgos las orquídeas utilizan otra estrategia reproductiva, en sus cápsulas "guardan un as bajo manga", producen entre miles y millones de diminutas semillas que son fácilmente dispersadas por el viento pero necesitan para germinar la presencia, y ayuda, de un hongo micorríceto específico. Para fabricar millones de semillas en una sola flor, la planta tiene que hacerlas microscópicas, como motas de polvo. El problema es que, al hacerlas tan diminutas, la evolución tuvo que sacrificar el endospermo. El endospermo es la reserva de nutrientes (la "fiambrera") que llevan dentro casi todas las demás semillas (como un grano de trigo o una lenteja) para darles la energía necesaria para germinar. Las semillas de orquídea nacen completamente vacías, sin reservas. Son solo un embrión envuelto en una red celular. Por eso necesitan parasitar a un hongo: el hongo actúa como un cordón umbilical que les inyecta los azúcares y nutrientes que no traen de casa.
Aunque parezca que cambian una estrategia arriesgada por otra también muy peligrosa ya que sus semillas necesitan la presencia de esos hongos específicos para germinar, aquí entra en juego la ventaja evolutiva de la cantidad y su ligereza. Una semilla de orquídea, al ser tan ligera de peso, es arrastrada por las corrientes térmicas y puede viajar decenas, cientos o incluso miles de kilómetros cruzando mares y cordilleras lo que les permite colonizar nichos ecológicos completamente nuevos e inaccesibles para otras plantas (una bellota, que tiene mucha reserva y no necesita hongos, cae directamente bajo la encina, compitiendo por la luz y el agua con su propio progenitor) jugando con la estadística pues, aunque la probabilidad de que una semilla aterrice en una zona con el hongo necesario para germinar es muy baja, la una planta dispone de hasta tres millones de posibilidades de acertar de manera que la ventaja reproductiva no está en asegurar la supervivencia de cada semilla individual (la inmensa mayoría muere), sino en apostar por el volumen y la distancia para asegurar la colonización de nuevos territorios. Han convertido una debilidad (la falta de reservas) en la excusa perfecta para viajar más lejos que nadie.
1) Polinización cefálica Es la estrategia más común. La flor está diseñada para que el insecto aterrice mirando hacia el centro de la orquídea (hacia la base del labelo, donde se esconde la columna con los órganos reproductores). Mirando de cerca la base del labelo de estas especies, se observa que tienen dos pequeños abultamientos oscuros o brillantes a cada lado de la cavidad central "pseudo-ojos". Estas estructuras imitan la forma de la cabeza de la hembra. El macho se alinea con esos falsos ojos, creyendo que está cara a cara con su pareja. Al realizar los movimientos de cópula, empuja su verdadera cabeza contra la columna de la orquídea y el adhesivo de secado rápido se activa. El insecto sale volando con los polinios pegados como si fueran dos pequeños cuernos amarillos en la frente o en los ojos. Ejemplos: Ophrys speculum, Ophrys tenthredinifera y Ophrys scolopax. >>
2) Polinización abdominal La flor engaña al insecto para que aterrice "a la inversa", mirando hacia la punta (el ápice) del labelo, dándole la espalda al centro de la flor. Estas orquídeas carecen de los "pseudo-ojos" en la base. En su lugar, el patrón del espejo (la mancha sin pelo) y, sobre todo, la dirección en la que crecen los pelos microscópicos del labelo, le indican al tacto del insecto que la supuesta hembra está mirando hacia afuera. El macho aterriza mirando hacia el borde inferior. Cuando curva su abdomen hacia abajo y hacia atrás para intentar el apareamiento, la punta de su propio abdomen choca exactamente contra la columna de la flor (que en estas especies suele estar un poco más pegada al labelo). El insecto se lleva la carga de polen en su parte trasera. Tu ejemplo en este grupo: Ophrys lutea. >>